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lunes, 15 de marzo de 2010

EL GRAN DÍA


Había soñado con aquel momento casi desde niño. Su padre le había dicho que aquello era una utopía.
- “¿Y qué es eso?” – había preguntado asombrado por tan grandilocuente palabra
- “Es algo muy bonito pero que nunca va a pasar” – respondió su padre.
Ernest era el hijo del jardinero. Alice la sobrina de la Señora Bufford.
Desde niña Alice se había caracterizado por ser la única Bufford que se burlaba y enfrentaba a las convenciones sociales de su posición. Los padres de Alice fallecieron en un accidente, y la pequeña se había criado con su tía desde sus primeros pasos. A ella al principio le divertía la rebeldía de la chiquilla, pero con los años y su posición se convirtió en un auténtico engorro.
Ernest era un chico inconformista, que no acertaba comprender porque su padre vivía en una pequeña cabaña junto al puente, trabajando todo el día, y la Señora Bufford disponía de aquella mansión si nunca la vio hacer nada. Cuando preguntaba a su padre se limitaba a responderle que las cosas eran así y que ya lo entendería.
Ernest no era realmente hijo del jardinero. Lo había recogido de una caja de madera sacándolo de la corriente del río. La única vez que el buen hombre se había atrevido a dirigirse a una mujer sin titubear fue cuando dijo a la Señora Bufford que él se haría cargo del bebé. El carácter del chico poco tenía que ver con el de su padre, y había resultado siempre un chico descarado e inconformista.
Alice no entendía tanta norma social; Ernest no entendía porque no podía tratar como par a determinada gente. Y ambos se entendieron muy bien. Demasiado bien, o al menos eso opinaba la Señora Bufford.
Un buen día la Señora comunicó a Ernest y a su padre que había conseguido que los Franciscanos becasen al prometedor chico en su internado. Ernest no entendía porqué había de irse a estudiar tan lejos, pero su padre si entendía que no era una opción.
Hacía casi doce años de todo esto.
Hoy un chico fuerte y espigado cruzó el puente luciendo un caro traje con porte elegante y se dirigió resuelto a la cabaña junto a éste. Los ojos del viejo jardinero se llenaron de lágrimas emocionadas y sólo acertó a decir:
- “¡Dios mío! ¿Qué haces tú aquí?” – paralizado por la emoción.
- “Vengo a cumplir una utopía, padre”.

CYBRGHOST

(FOTOGRAFÍA: Puente Bucólico – Serie Parajes)

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2 comentarios:

  1. Dejas puertas abiertas a la interpretación, que poco a poco, y al llegar al final se cierran, con la última frase. Aunque la duda de qué utopía va a realizar queda flotando...supongo que tiene que ver con la chica no?.Muy buena historia.

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