El Mundo gira cada día, y a veces va terriblemente lento y otras espectacularmente rápido. Y desde hace algún tiempo no tengo muy claro si giro con él, contra él, o he conseguido no girar. Los días caen como las hojas de los árboles, y yo los veo casi tan imperturbable como el tronco del que caen. Adoro la noche, pero ni la frecuento ni me apetece. La inspiración debe de estar en algún cajón que se me ha olvidado abrir. Estudiar es ya casi una utopía. Las labores cotidianas han pedido el cambio de nombre por retraso continuado. Bandeo continuamente de un lado a otro sin tener muy claro que busco. Quizá debiera hacer una parada y rebuscar en mi basura neuronal, pero es que no sé si no he parado ya, o si ya la tiré al contenedor. No recuerdo cuando me hice la transfusión de horchata, pero se me debió de ir la mano. O eso o el frío me ha anestesiado el espíritu. Esta mañana parece que el desfibrilador automático de conciencias me ha soltado una descarga. Los días seguirán pasando pero com...
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