Mal asunto fue ya desde el primer momento. Ya se lo dije a mi madre cuando me contó lo que su amiga le había dicho. Llevaba cuarenta y dos semanas de gestación y el niño no salía. Trataron de inducirle el parto a la madre. No respondió a la oxitocina. Finalmente se realizó la pertinente cesárea y se extrajo a un niño de cuatro kilos y novecientos gramos. El niño lloró, como era de rigor, y a duras penas no lo hizo la madre. La criatura presentaba un tupido vello facial, ¡tenía barba!. Por más que le rasurara, el molesto vello no tardaba más de una semana en reaparecer. El niño crecía a un ritmo espectacular, alcanzando el metro veinte a los dos años. Caminaba desde los tres meses, se vestía solo al año. Sus padres se balanceaban entre la admiración y la preocupación de forma continua. Cuando el chico cumplió cuatro años comenzaron a aparecerle canas. Para esa edad el chico tenía una robusta barba que había que afeitar a diario, sin que el pediatra supiera darle explicación. Como no su...
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