Su Mano se posó sobre el vetusto mueble del salón y lo recorrió despacio, cabizbajo. Miró de soslayo los dos juegos de café que cobijaba y dibujó en su rostro una mueca torcida. No era su primera casa. No iba a ser la última. En unos días la dejaría como hizo con varias antes. Era un ser social, no había más que soltarlo en la calle. disimulaba su notable timidez empleando con elocuencia su desparpajo cuando alguien le daba pie. Era un tipo afable y presto al favor, con lo cual apenas se había granjeado enemigos. En general resultaba un tipo simpático, con fama de bonachón, poco espabilado y algo pesado. De tanta vuelta, tanto destino y tanto viaje ya no tenía muy claro dónde estaba su sitio, si es que había pasado por él. Dentro de sus modestas posibilidades había cuidado los pequeños detalles de la espartana decoración de su hogar. tenía alma de bereber y nunca faltaba algo que ofrecer a las visitas. Tragó saliva y un sabor amargo le recorrió la garganta. Trato de recordar al último...
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