Yo sigo en la casa, pero ahora la casa es suya. He tenido que dejar el dormitorio principal para el matrimonio. Tampoco dispongo del siguiente en tamaño, ni del próximo. Son para el chico y el despacho respectivamente. Al menos me ha quedado el cuarto del servicio. Ahora me alegro de haberlo diseñado amplio, aunque Alfredo opinase que era un dispendio innecesario con una criada. No me entendáis mal, los nuevos propietarios no son mala gente. Además, les gustó mi decoración, y apenas han tocado nada. Sólo los elementos más personales, retratos y cosas así. Y no paran demasiado en casa. A ratos me siento como antes; hasta que un cuadro fuera de sitio o el retrato de un extraño me devuelve a la realidad. Es irónico. Los hijos se consideran una bendición, y no seré yo quien lo desdiga. Pero yo sufro esta situación precisamente por ellos. Sin herederos habría podido disfrutar más tiempo la casa para mí sola. Cybrghost Relato aparecido inicialmente el "El Microrrelatista...
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