No le gustaba ir desaliñado. Muchos lo hacen y realmente carece de importancia desde un punto de vista práctico. Pero para él es como un devoto cristiano o musulmán entrando a la Catedral o a la Mezquita. Sentía un fervor reverencial por aquel lugar, Respeto con mayúscula. Por eso le gustaba ponerse moderno pero elegante, como corresponde al lugar. Le gustaba observar las obras a la debida distancia y abstraerse en ellas, dejarse transportar. En realidad no tenía ni idea de si se colocaba en la posición correcta, ni de técnicas, estilos o influencias. Allí buscaba sentir. No siempre encontraba paz, a veces inquietud e incluso en ocasiones repulsa. El sentimiento es secundario, lo que le decepcionaba es quedar indiferente. No le gustaba encontrar demasiado público. Detestaba cruzarse con un grupo hablando en tono elevado o chiquillos correteando. Huía de las visitas guiadas. Si, así seguirá sin tener ni idea, pero no era su forma de entenderlo. Deberían pedir silencio como en las bibl...
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