Parece que fuera ayer. Lo recordaba perfectamente, ¡cómo olvidarlo!. Estaba mendigando con su pequeña por el Distrito Sur, más preocupada de su seguridad y la de la pequeña que de la recaudación. Fue entonces cuando aquel extraño cambió sus vidas. Bien parecido, piel bronceada, traje de raya diplomática… Estaba completamente fuera de lugar allí. Tan fuera de lugar como haberle cedido aquel piso sin ninguna contraprestación. Y no conforme con eso, les llenaba la despensa y compró ropa nueva a ambas. Era un sueño. Sólo puso una condición. La ventana de la sala jamás debía ser abierta, siquiera correr la pesada cortina para echar un vistazo. O lo perdería todo. Pero con el tiempo la ansiedad la corría. Además ¿cómo iba él a saber si echaba un simple vistazo?. Pero ¿qué más daba qué hubiese tras la ventana?. ¿Iba a arriesgar todo por averiguarlo?. ¿Por qué se lo habría prohibido?. Al final cedió a la tentación y retiro la cortina. Tras ella, un simpe callejón. Pero ella jamás llegó a verl...
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