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AÑORANZA


Pidió al conductor del autobús que por favor parase allí. Cargó el petate al hombro, cerró los ojos y respiró muy hondo. Dejó que aquel aire llenase hasta el último alveolo y lo soltó despacio, como no queriendo dejarlo escapar. Casi había olvidado cuanto le gustaba aquel olor a mar. Abrió los ojos y no pudo, o tal vez no quiso, evitar que sus ojos se humedecieran al contemplar de nuevo el mar, su mar, sobre los tejados de las casas, sin ningún mastodonte de hormigón tapando el horizonte. Desde allí podía ver cada casa del pueblo. Recordaba de quien eran la mayoría. Al posar la vista sobre alguna se cuestionó si seguirían allí sus dueños o habrían partido. El graznido de las gaviotas lo devolvió de su ensoñación. Comenzó a caminar con una sonrisa en los labios y en el alma.
No había avisado, no importaba. Mamá siempre guisaba para uno más.
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Comentarios

  1. Pues me parece muy bien cada proyecto que propones. Como siempre, te seguiré. Un abrazo, maestro!

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  2. Esa última frase, es magnifica, como ese regreso sin avisar!

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  3. ANÓNIMA: Avisé de mi regreso por Facebook y Twitter, me alegro que te guste.
    DANIEL: Tú si que eres un maestro y un honor que te guste y me sigas.

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