Ir al contenido principal

APARICIONES MUTUAS

Vuelven a ser invisibles. Es ya la tercera o quizá la cuarta vez que me pasa mientras huyo de ellos. Extrañamente no parecen hostiles, su gesto es más bien una mezcla de atracción y espanto. No obstante, no pienso averiguar que quieren. Unos seres que se diluyen en la nada mientras me persiguen para volver a manifestarse no me inspiran la mínima confianza.
¿Qué es esa luz? Me deslumbra, me rodea, me sumerge… Una voz se desliza a lo más profundo de mi mente: “Déjalo ya, asúmelo, has muerto” repite firme y seductora.

Miguel Ángel Pegarz

cYBRGHOST

Comentarios

Entradas populares de este blog

ÁCIDO

Voy a bañarme en ácido Para quitar la suciedad que infiltra mi piel Y que el jabón no arranca.
Voy a beber ácido Para quitar esta suciedad que ya no está en mi piel, Que invade mis entrañas.
Voy a convertirme en ácido Si no consigo arrancar esta suciedad Que está pudriendo mi alma.
Miguel Ángel Pegarz
cYBRGHOST

VERDAD POLIÉDRICA

En una localidad pequeña, pero conocida a nivel nacional por su inestabilidad política, con constantes cambios en la Alcaldía, la jubilación del Cronista Oficial, tras cuarenta años de servicio, es todo un acontecimiento. Se iba el único baluarte de estabilidad y el morbo por sonsacar era tan notorio que se ofreció una rueda de prensa ante el interés suscitado. El Cronista manifestó una gran satisfacción por dejar definitivamente zanjado su trabajo. Un periodista inquirió socarrón acerca del número de páginas suyas en el Archivo. Todos rieron cuando respondió que apenas media docena. Él también, muy aliviado sabiendo que en el próximo traspaso del bastón de mando no le tocaría reescribir una vez más la versión de aquel fatídico día.
Miguel Ángel Pegarz Cybrghost

ÚLTIMA PARADA

Hacía un día de perros y no veía la hora de que llegara el maldito tren que le devolvería  a casa. Subió apresurado y se sentó en el primer departamento en que halló hueco. Se quito la gabardina y la gorra y más tranquilo, tomó asiento. Una vez acomodado hizo un breve recorrido visual por sus acompañantes: Una señora mayor que miraba alternativamente con recelo a todos los pasajeros mientras asía con firmeza su bolso. Una chica joven, y siendo francos bastante guapa, que bajaba la mirada apenas se encontraba con otra. Un maduro gordinflón que debiera pagar dos billetes, pues ocupaba dos puestos. Y un tipo más o menos de su misma edad, que no se había quitado el abrigo, pese a que no hacía frío en el vagón, y un sombrero tapándole la cara, seguramente tratando de dormir un poco. El tren abandonó aquella infernal estación y continuó su rumbo con intenso y constante traqueteo. Tras recorrer sus buenos kilómetros de llanura, alcanzó las montañas y comenzó el juego de luz y oscuridad de l…