Siempre fue un tipo de los que ahora gusta llamar “de perfil bajo”. Un tipo anodino en el que el rasgo más destacable es la total ausencia de estridencias. Era de familia acomodada sin llegar a rica, amable sin llegar a ser servil, educado sin resultar pedante… y así hasta un infinito de contrapuntos en los que situarlo en medio. Nunca supo porqué se fijó en él. Lo normal es que pasara desapercibido, y en lo concerniente al sexo opuesto no era una excepción. Pero se fijó, y le pareció lo que a todos: el hombre perfecto. Ella pronto se cansó del hombre perfecto. Demasiada rutina, demasiado predecible, demasiado normal. No tardó en hartarse de vida rosa. Aún más exasperante que la monotonía casi religiosa le resultó la imposibilidad de discutir con él. Nunca perdía los nervios, alzaba la voz o le reprochaba nada. Después de estos amagos él solía comprarle algún regalo o enviar flores, lo cual no sólo no la sorprendía, acrecentaba su rabia. Empezó a sentirse tan muerta que necesitaba e...
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