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LA DIGNIDAD DEL TRAPECISTA.



“Hemos nacido para ser malabaristas, todas lo somos”. Se lo había dicho su padre, su madre, sus tías, sus primas… toda su familia en su exiguo día de vida. Pero ella se empeñó en ser trapecista. Había nacido con unas alas prodigiosas que le permitían unas acrobacias aéreas increíbles, unos giros imposibles, de destreza nunca vista en aquel lugar. Pero claro, con tres días sus reflejos ya no eran los mismos, y al final una mano la atrapó y arrancó sus preciadas alas. Al final acabó empalada en un alfiler, como toda su familia, generación tras generación. Pero se negó a mover una sola pata ante aquel estúpido juguete.


Cybrghost



 


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Para el Taller de Escritura Creativa de la Casa de Las Conchas sobre las “Moscas Malabaristas”

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