Podemos levantarnos cada mañana y reírnos de la cara de sueño del espejo. Podemos disfrutar del primer café de la mañana echando un vistazo a las noticias del día, sin tomárnoslas demasiado en serio. Podemos sonreir al entrar en el trabajo y plantarle cara a la mañana, que ya tratará de quitar esa sonrisa. Podemos preparar con mimo la comida, como si fuera un día especial, como si fuera un manjar. Podemos disfrutar cada bocado, podemos recrear nuestros sentidos en él. Podemos observar jugar a un niño, ajeno a todos los problemas de los mayores, y a sus limitaciones. Podemos bajar el ritmo de nuestros pasos, y disfrutar del camino que recorremos cada día como si fuera nuevo. Podemos fijarnos en esa pareja de ancianos que van cogidos de la mano, sin que quede claro quién es el bastón de quién. Podemos cambiar la emisora, escuchar cosas distintas, dejarnos llevar por nuevos sonidos y nuevas sensaciones. Podemos coger un libro y acariciar el lomo antes de abrirlo, y sentir el tacto de l...
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